Cuando comenzó la pandemia por coronavirus se entendía que el principal grupo de riesgo eran los adultos mayores con enfermedades crónicas. A medida que los casos aumentaban y más se sabía de esta patología, se agregó el estado nutricional y en especial el sobrepeso como otro factor.
Durante una charla organizada por Nutrición y Dietética en Santiago, el encargado de Asistencia Nutricional del Hospital de Talagante y docente clínico de esa carrera Rodrigo Maureira, explicó que un balance energético y proteico negativo incrementa los riesgos de morbilidad, mortalidad, larga estancia hospitalaria y una mayor rehabilitación.
Asimismo, el paciente en condición crítica presenta más estrés metabólico, lo que puede implicar sarcopenia, malnutrición y alteraciones en la función clínica que requieren de terapias más complejas.
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Todo paciente diagnosticado con COVID-19 debe ser evaluado por un nutricionista, añadió el profesional, magíster en Nutrición Clínica y en Actividad Física y Salud.
Al no responder al tratamiento farmacológico o la terapia médica, los pacientes comienzan un ayuno inicial de al menos 72 horas.
Una valoración del estado nutricional considera primero un screening , categorizándose en riesgo bajo, medio o alto. El segundo caso requiere evaluación nutricional formal y el tercero atención especializada por la Unidad de Asistencia Nutricional Intensiva.
Luego, el examen físico comprende la auscultación y palpación abdominal, las conjuntivas, el estado del cabello, la dentadura, la piel y las uñas, la masa corporal y la presencia de edemas, estableciendo una puntuación de 0 hasta 100 que corresponde a un paciente normal.
Maureira destacó que también interesa el estado funcional del paciente, dado que la intervención es multidisciplinaria, el control diario en pacientes críticos para prevenir o identificar eventuales anomalías gastrointestinales y un eventual síndrome de realimentación.