La inmunonutrición, rama emergente y multidisciplinaria de la nutrición, abre una ventana a mejorar la respuesta del sistema inmune a través de la modificación cuidadosa e intencionada de los nutrientes en la dieta, asociado también a factores ambientales y de estilos de vida.
Sin embargo, faltan más ensayos clínicos sobre su real capacidad de retrasar, disminuir o eliminar los síntomas de una determinada patología sin generar efectos adversos en el organismo.
Así lo explicó Christine Kreindl, docente de Nutrición y Dietética de la Universidad Autónoma de Chile en Santiago, durante una charla a estudiantes y profesionales.
“Una dosis de 6 a 8 gramos de ácido ascórbico al día se asocia a una menor duración e intensidad del resfriado común, con una disminución de los síntomas del 46% en 24 horas. Pero esa dosis sobrepasa con creces los niveles máximos tolerables recomendados”.
Lo mismo ocurre con los antioxidantes y el omega 3 para el síndrome de dificultad respiratoria aguda en adultos.
“Hay que ser cautelosos con la evidencia científica, porque faltan estudios más concluyentes sobre los efectos adversos”, añadió.
Frente a una patología respiratoria, “el peso corporal no es una variable por sí sola, más bien el nivel de micronutrientes y vitaminas. Un adecuado estado nutricional promueve un mejor estado inmunológico, cubriendo los requerimientos de vitaminas y minerales”.
Respecto de pacientes con Covid-19, sostuvo que los protocolos de inmunonutrición “son más conservadores pues se trata de una enfermedad bastante nueva y sin evidencia suficiente”.
Kreindl puntualizó que la indicación es suplementar vitaminas, minerales y elementos traza y vitamina D en caso de déficit. Una vez hospitalizado, se continúa con la suplementación de electrolitos, ácido fólico, vitamina B12 y D más un suplemento alto en proteínas.